Tráiganme
para Indiana, mi mamá
(4/12/1952-16/1/2022)
hoy siempre y hace un año
Tráiganme
a mi mamá,
que no le pase
nada si se le paspan
los pulmones
como pasas
abiertas
al desaire;
tráiganme
a mi mamá,
vestida de
la seda
del deseo
y da
lo mismo
si este mes
o me demoro
un poco
más
en revolver
la luz
para volver
a ver
que sigue acá;
tráiganme
a mi
mamá,
que se reintegre
a los mitines;
tráiganme
a la que emite
la moneda
que multiplica
sin gritar,
gratuita;
tráiganme
lo que mide
todo el miedo,
para que no moleste
aunque me muerda;
traigan
a mí
a mamá,
sin tanta madre,
aunque se duerma
y no
mitigue
esta modorra
que se empoza
en la mirada
–hay vida
hasta en los golpes–;
tráiganla
que no tardo
en empezar
a podarme
la forma
mientras mudo
mi puesto
y me despierto;
tráiganme lentamente
a mí
a mamá
para enterarme:
no hay
herencia,
lo que hay es mucha
infancia
y, adelante,
hay amor:
que es escuchar.
(Ezequiel Zaidenwerg)


